Era 2020, y los chinos hacían sopa de murciélago, el mundo se detenía en una enfermedad mortífera, y la aerolínea en la que trabajaba no tuvo mejor idea que irse de Argentina. Yo me quedaba sin trabajo.
En ese caos, una amiga me dijo: “tenés re buen perfil para ser Business Analyst”. Ni idea qué es eso, respondí. Entonces describió algo que se me metió al cuerpo y me cambió la vida: bajar problemas complejos a una manera simple y transformarlos en soluciones.
Cuando las personas en general ven caos, yo veo la oportunidad de ordenar para que las cosas pasen. Sí, soy de Virgo.
Entre scrum, SQL y design thinking, descubrí que me gusta trabajar donde el problema no está definido. Donde hay ambigüedad. Donde puedo hacer preguntas incómodas que cuestionen lo obvio para alguien más.
Un mundo maravilloso donde todo se tiene que descubrir.
Arranqué como BA, o quizás era traductora, de necesidades de negocio a soluciones técnicas. Al poco tiempo supe que quería decidir qué valía la pena construir y por qué.
2 años después salimos campeones, y yo me animé de nuevo: vi un aviso, le escribí al Head de Producto de una fintech. Logramos dar vuelta el NPS de su lector de pagos: de −10 pp a 40 pp. Pusimos foco en entender al usuario con fricciones reales y la decisión consciente de dejar de hacer cosas que no movían la aguja. Integré medios de pago internacionales: PIX, conectando experiencia local con expansión regional.
Llegué a una adquirente de la mano de dos ex líderes. Acompañé el go-to-market de soluciones de pago y diseñé una herramienta para promociones que redujo la carga operativa. Menos esfuerzo interno, más velocidad para el negocio.
El 2025 me llevó a un e-commerce regional, donde defino la facturación B2B pensando en el accountability del usuario, uniendo experiencia, compliance y escalabilidad operativa para la expansión internacional (CBT).
Podría haber dicho que no, muchas veces, a la incertidumbre de cambiar de carrera a los 30. Pero sigo decidiendo salir al mundo e ir por lo que creo. Eso no es un acto heroico de una sola vez. Es una práctica constante. Es animarme a no tener todas las respuestas y quedarme en la incomodidad el tiempo suficiente para aprender a decidir mejor.
Vivo todos los días la decisión de seguir incomodándome.